Magu Villar: "Construir tu carrera a partir de proyectos creativos"


March 5, 2021, 11:52 a.m.


"Estoy aprendiendo, cada día, a permitir que el espacio entre dónde estoy y donde quiero estar me inspire, y no me abrume."


Hace 7 años quería abrir un blog para compartir las cosas que me apasionaban: los libros que me abrían mundos, el arte que me revelaba verdades escondidas en la cotidianeidad, e incluso algunas cosas que escribía y creaba. Empezaba a sentir algo adentro que quería compartir.

Pero no me animé. Quién me iba a leer, qué iban a pensar, cuánto importaba lo que tenía yo para contar, ni siquiera sabía si era buena. En la balanza pesaban más mis inseguridades, mis miedos y prejuicios que lo que, en definitiva, me hacía latir el corazón. 

Por mucho tiempo creí que tenía que encuadrar lo más posible con el parámetro de lo común, lo normal. Que si me encantaba aprender, tenía que disimularlo, que si era muy sensible tenía que intentar guardármelo para mí. 

En definitiva, bajar la intensidad de algo que sentía adentro.

“¿Qué es vivir creativamente? Vivir impulsado con mayor fuerza por la curiosidad que por el miedo”

Me costó mucho darme cuenta que acomodándome en esa caja mental no me estaba protegiendo, sino que me estaba encerrando, me estaba perdiendo oportunidades de dejar que mi curiosidad me guiara. Estaba eligiendo lo aparentemente cómodo por sobre explorar algo que me llamaba. No estaba escuchando las llamadas guías de algo que se empezaba a parecer a mi misión. 

“No hay creatividad sin vulnerabilidad” 

Cuando somos chicos, creemos en nosotros mismos porque nunca tuvimos una razón para no hacerlo. Creamos por crear en sí, no por la aprobación, o la validación de otros, sino porque encontramos alegría en el proceso de crear. Nos esforzamos porque nos sentimos bien dando lo mejor de nosotros, y el proceso es razón suficiente para seguir creando. 

El tiempo, sin embargo, sobre todo durante el especial período que caracteriza la adolescencia, vamos reprimiendo, de a poco, esa libertad creativa con la que nacemos, con la que aprendemos, creamos y vivimos los primeros años de nuestras vidas. Entramos en un periodo de adoctrinamiento inconsciente en el que intentamos pertenecer, ser aceptados, formar parte, no quedarnos fuera. No está mal querer ser parte de nuestra comunidad. El problema está cuando negociamos nuestra autenticidad por aprobación.

“Quizás lo que te hace más especial es lo que más miedo te da compartir”

De a poco, empecé explorar esas cosas que me llamaban la atención, a exponerme a estímulos que me inspiraban, me empecé a empapar de otras cosas: libros, personas, viajes, perspectivas, podcasts, aprendiendo a soltar las expectativas y sobre todo escuchándome, (“Tienen que pasar al menos 10 minutos por día solos con ustedes mismos si quieren empezar a conocerse”, decía un profesor mío), empecé a desviar los prejuicios que inconscientemente mi inculcaba, y me encontré con que me descubría a mí misma en las cosas que me llamaban. Empecé a documentar esas cosas en cuadernos, que me ayudaron a darme cuenta de qué me movilizaba. 

Me dejé atraer, y guiar por esa fuerza silenciosamente que nos va conectando con las cosas que nos llaman la atención, y hasta nos empiezan a apasionar.

Empecé, de a poco, a reconectarme con todas las cosas creativas que siempre me habían caracterizado, pero que tenía un poco recluidas.

Con la aparición de las redes sociales, en un mar de selfies, fotos de desayunos, empecé a encontrar cuentas de arte, de ilustración y diseñadores que admiraba. De hecho, descubrí por primera vez qué significaba ser ilustrador. Ese fue un gran impulso a empezar a crear con mayor dedicación y constancia. Y un día publique por primera vez un dibujo en Instagram. 

“Tenés que estar dispuesto a ser malo en algo para ser bueno en algo”

Nos cuesta mostrarnos desde la vulnerabilidad de reconocernos amateurs. La misma palabra amateur esconde mucha sabiduría desde su léxico, en francés significa amante, se refiere al entusiasta que persigue su trabajo en el espíritu del amor. No tiene miedo de hacer el ridículo, porque está abstraído en su enamoramiento.

“Al final, eso es lo que somos todos: amateurs. No vivimos el tiempo suficiente como para ser más que eso” – Charles Chaplin

Al fin y al cabo, todos somos principiantes antes de saber algo.

“Yo no soy creativa”, “Yo no se pintar”, “Yo no soy buena, no sirvo para eso”; frases que escuchamos a diario y que nos repetimos a nosotros mismos, generando un eco repetitivo adentro nuestro que, sin sustento, vamos internalizando.

“Si escuchas una voz adentro tuyo que te dice que no podés pintar, entonces con más razón, pintá, y esa voz se va a silenciar”- Vicent van Gogh

Me permití llevar con orgullo mi insignia de creativa amateur, explorando todo lo que me inspiraba, me daba curiosidad, me llamaba de alguna forma.

Hay una reflexión de Austin Kleon, en uno de sus libros, que siempre me deja pensando; en la que comparte que si hubiese esperado a saber quién era o qué era antes de empezar a “ser creativo” seguiría intentando descifrarme en vez de estar haciendo cosas. En mi experiencia, crear es lo que nos ayuda a encontrarnos.

Ese compromiso con nuestra exploración personal, el estar dispuestas a tomar diferentes caminos sin saber a dónde nos van a llevar, nos conecta con la creatividad que todos tenemos adentro. Difícilmente nos descubramos a nosotros mismos simplemente en un scrolleo anestesiante por Instagram. La búsqueda personal requiere salir de nuestra zona de confort. Que nos expongamos a ser amateurs.

“No podés encontrar tu voz si no la usás”

Toda mi vida, antes de empezar las clases, casi a modo de ritual, intervengo todos mis cuadernos, los pinto, les pego stickers, cada uno de forma única. Un día en la facultad, una amiga me dice “Magu tenés que venderlos”. La idea me quedó resonando, con un poco de incredulidad, pero con esta mentalidad de explorar caminos nuevos, dije no pierdo nada con intentarlo: yo quería practicar pintar con acuarelas, que es algo amaba haca un tiempo, y era una excusa para crear con consistencia. También, siempre tuve un bichito emprendedor, así que fue un desafío que abracé. Dibujé un logo con microfibras en un pedazo de papel le saqué una foto y abrí un Instagram: así nació Meraki. Una marca de cuadernos personalizados pintados a mano.

Sin darme cuenta en el momento, estaba creando mi primer proyecto creativo. 

Después de pintar más de 400 cuadernos llegó un momento en que se hizo insostenible seguir pintando uno por uno a mano, así que tuve que pivotar y evolucionar Meraki a lo que es ahora. Pero este proyecto, que me sigue enseñando muchísimo, me dejó: muchísima práctica, perfeccionamiento, trato con clientes, aprendizajes básicos de emprendedurismo, empecé a encontrar mi estilo personal, di mis primeros workshops, trabajé con marcas, y de a poco, empecé a incursionarme en la ilustración. 

Esta vez más estratégicamente, creé mi segundo proyecto creativo. Quería posicionarme como ilustradora de estampas y diseños bohemios, y quería trabajar con marcas que tuvieses ese estilo, estética y personalidad de marca. Mi proyecto se llamó Serie Bohemia y diseñé una línea de ilustraciones mostrando lo que podía hacer, y generando un portfolio por el que quería que me contrataran. Gracias a esta serie, pude trabajar con marcas (fotos marcas) y surgió mi primera línea de cuadernos para Meraki.

Al mismo tiempo, me había creado, finalmente, mi blog, comprado el dominio, quería profesionalizarlo y empezar a escribir notas. Las compartía en Instagram, y empecé a tener un cuerpo de portfolio de redacción, así pude empezar a escribir notas para distintas publicaciones, que ya veían cómo y sobre qué escribían y podían contratarme para un tipo de trabajo similar.

Durante la carrera, surgió un encuentro con dos amigos que también les encantaba leer, y en este afán de querer compartir el amor por la lectura, y sobre todo darle un cierre a cada libro con una frase o reflexión, creamos Viajar en Palabras, una comunidad lectora donde compartíamos reseñas de libros, que hoy la maneje y crece con una de mis amigas.

También tuve proyectos creativos con el simple fin de tener un outlet creativo. Desde una serie de frases ilustradas para practicar mi lettering, hasta objetos intervenidos.

Lo que tienen los proyectos creativos es que nos permiten focalizar nuestra energía en una búsqueda o exploración creativa dentro de un marco. Desarrollamos una habilidad con un foco y una forma específica. Puede tener un objetivo de posicionamiento a nivel profesional, o de simple diversión y exploración personal. 

A medida que hacía cada vez más cosas, empecé a tener una sensación de desconexión entre todas las cosas que me gustaban, como si le faltara coherencia, o justamente conexión, a estas brechas creativas. Hasta que me di cuenta que lo que me apasionaba trascendía el medio, o el proyecto específico. Empecé a preguntarme por qué hacia lo que hacía, y no simplemente qué hacía.

Había algo que me mantenía en movimiento, que me inspiraba todos los días a seguir haciendo lo que hago, y tiene que ver con las conexiones que se generan cuando descubrís al otro desde tu autenticidad. 

“Mirá con atención la magia que surge de darle a alguien la suficiente comodidad para ser el mismo” – atticus

A medida que compartía estos proyectos en redes, los mensajes que me llegan y las conexiones que se crean con personas que también buscan explorarse de forma creativa, es lo que mueve todo. Muchas de esas conexiones generaron amistades que guardo con mucho amor. Y son las que hicieron que cuando el año pasado tuve la oportunidad de vivir unos meses en Madrid, poder conocer personas de distintas ciudades y generar encuentros creativos, y conocernos desde ese lugar.

Lo que me movía, realmente, era que mi pasión por contar historias auténticas que nos unan, que motiven a explorarnos y a conectar. Es un borrador de mi propósito, que voy definiendo con el tiempo, y sigue estando susceptible a actualizaciones.

Cuando me di cuenta que mi por qué hacia lo que hacía tenía que ver con algo que quería transmitir, con un sentimiento que quería compartir a través de historias, mi cómo, mi medio podía cambiar. Pero el núcleo, el por qué hago lo que hago se mantiene, porque es mi esencia. Hoy soy comunicadora, ilustradora, redactora, y si en un futuro soy X, siempre va a tener coherencia y va a estar alineada conmigo si el por qué sigue siendo el mismo. Si ese por qué guía todo lo demás.

Lo que quiero dejarles es que se permitan explorarse, que se animen a comprometerse con una búsqueda de quiénes son, que jueguen con la creatividad, que la desafíen y la moldeen en forma de proyectos creativos. 

Aunque ahora parezca abrumador, todos esos proyectos y pasos empiezan a formar un camino, en el que es posible reconocer patrones, claves y guías una vez que vuelven la mirada para atrás. Y en todos esos pasos, una marca de su por qué.

“Estoy aprendiendo, cada día, a permitir que el espacio entre dónde estoy y donde quiero estar me inspire, y no me abrume.”


Magu Villar